jueves, 8 de enero de 2009

X-mas is gone

La Navidad se ha ido, y en mi caso es como si nunca hubiera llegado. No sé si ha pasado por mi o simplemente he sobrevivido su paso, como los últimos años.

Recuerdo el ritual de todos los años, cuando un mes antes ya estábamos los cuatro deseando abrir el altillo y sacar las cajas con los adornos, el árbol y el portal. Esas cajas olían aún a magia, la magia que cuando éramos pequeños y esperábamos impacientes la llegada de Papa Noël, la cabalgata y los Reyes magos. Ir a buscar la escalera y abrir el armario era la primera señal de que la Navidad se estaba acercando; ya nos habíamos preocupado de tener listas nuestras cartas. Aquellas pesadas cajas que se iban multiplicando con los años y que han llenado muchas páginas de nuestro álbum de recuerdos.

Primero hacíamos al árbol, colocábamos todas las ramas que se habían desprendido; luego las luces, para pasar finalmente a los adornos, ¿cuáles tocan este año? Aún puedo oler las manzanas rojas que colgábamos del árbol, desde la más grande a la más pequeña, puestas por unas manitas muy chiquititas y torpes, las nuestras, para luego ser reubicadas con más sentido y gracia por nuestra madre. Nos dejaba hacer el árbol como queríamos, pero luego lo cambiaba todo.

Era fantástico ver todo el suelo del salón cubierto de bolas de navidad, de lazos, de casitas, de estrellitas y angelitos, el viejo papa noel y su trineo...Qué recuerdos.

Luego hacíamos el portal de Belén, uno muy antiguo (era el que mi padre hacía cuando era pequeño) que al principio no me dejaban tocar porque entonces era la más pequeña; y luego pude ayudar a hacer la cascada, las montañas, el río con sus piedritas y papel de plata a imitación del agua, con musgo y arena. Colocar todas las casitas y figuras, entre ellas la del pastorcillo cagón (mi preferida). E ir cada día acercando a los Reyes un pasito más hasta que se encontraban delante del niño, y nos acostábamos nerviosos muy temprano para levantarnos de madrugada y ver lo buenos que habíamos sido durante el año con todos esos regalos. Corriendo por casa. Alucinados.

Ilusión.

Cuando era pequeña me encantaba la Navidad, y no es que los años hayan apagado mi lado infantil y haya dejado de creer en la magia y la fantasía. Pero en casa hace años que no hay Navidad. Ya no hay árbol ni portal de Belén, ya no hay villancicos y panderetas. La ilusión se esfumó hace muchos años, junto con las pesadas cajas y nuestro árbol, con las figuras rotas de los pastorcillos.

Se esfumó porque tú eras la esencia, tú mantenías nuestras mentes en los recuerdos del pasado, reavivando la llama cuando parecía extinguirse. Te echo mucho de menos.


Feliz navidad.

Tu recuerdo vive en mi, no te olvidaré.

2 comentarios:

Phoenix dijo...

Mi niña,ese tiempo ya pasó;ya eres toda una mujer,y las Navidades no son para nosotros,son para los niños,es su privilegio.

Pero,como tú dices,vivirá para siempre en tu corazón.
Y eso no implica que seas menos niña,aunque sea una contradicción;cuida que eso no cambie nunca.

Un beso fuerte

Pepe dijo...

Yo también tengo esas sensaciones, también comparto contigo esos momentos, abriendo cajas con las figuritas del Belen y aún puedo percibir el olor de mis seres queridos, que hoy, no están conmigo.
Ahora soy yo quién desempaqueta esas cajas, ahora soy yo quién mira la Navidad de otra forma, tal vez de una forma más triste, menos ilusionado, más....mayor, pero como un niño pequeño, que sigue escribiendo la carta a los Reyes Magos, con la ilusión de que la puedan leer mis padres y dejen junto a mis zapatos, esa ilusión que a veces pierdo.
Querida Gritando en Silencio, sigue viviendo la Navidad y todos los momentos bellos de la vida, así contagiaras a los que te rodean, la belleza de las cosas pequeñas.
Pepe