viernes, 25 de marzo de 2011

Las vi llegar, intempestivas, como una tormenta de verano.

En mitad de mi paseo hacia ninguna parte.

En aquel banco con el cual solíamos cruzarnos mientras corríamos cualquier mañana de domingo al despertar y sobre el que ahora estaba sentada, mirando al infinito mar que se abría ante mis ojos.

Sentía frío. Hacía frío.
No sólo por el viento que se ocupaba con esmero en colarse entre mi boca y mi pelo.
Lo sentía dentro.
Muy adentro.

Anduve largo rato sentada, inerte en aquel trozo de madera. Mirando al infinito con los ojos cerrados. Como si de tanto mirarlo fuera capaz de responderme.

Y, entonces, llegaron, primero una, algo tímida; y luego un torrente incansable de ellas; una tras otra se iba agolpando en el borde de mis ojos, deseosas del abismo, saltando en trampolín hacia mis mejillas; las más atrevidas incluso soñaban con desaparecer en mis labios. Descaradas.

Y así fueron sucediéndose durante largo rato, como el agua que fluje por los cauces desecados de un río y atenta con desbordarlo.

Pero, aún más importante, consigue limpiarlo a su paso; y tras las primeras corrientes turbias y violentas, llega la calma y cristalina agua.

Y así fue.

Y, me levanté, recompuesta, y recorrí el camino de vuelta a casa.

3 comentarios:

Maelan dijo...

Mis sentidos prefieren dormirse al leerte..y no sentir el fracaso..solo dejarme dormir.

Hay amores que son prisión...y yo nunca quise eso para ti... Incluso antes de haberte encontrado...

Yo riendo al pensarte y tu lavando tus ojos con la mirada perdida en algún sitio donde escapar.

Me siento a destiempo... Me siento...Solo.

Ojalá tuviera la pócima mágica...esa que solo tienen los Privilegiados...

Gritando en Silencio dijo...

No entiendas mal, sólo quise decir que tras la tormenta llega la calma; han sido momentos malos, pero solo eso...seguimos juntos. Riendo y soñando.

lancelot dijo...

..Pues ríe....yo te sigo...

love yu